viernes, 4 de octubre de 2013

Eliminatorias: Grandes decepciones (Parte 2/2)

Argentina
El tranco de Argentina rumbo a México 1970 comenzó muy mal. Derrotas en La Paz y Lima, ante Bolivia y Perú, respectivamente, ponían cuesta arriba la clasificación albiceleste. Más teniendo en cuenta el poderío del equipo peruano adiestrado por el brasileño Didí. Los triunfos locales entre Perú y Bolivia apretaban el grupo, con lo que la victoria argentina ante Bolivia abría las esperanzas de la calificación. Al último partido en La Bombonera llegaron así: Perú, 4 puntos y +3 de diferencia, ante Argentina con 2 puntos y -2 de diferencia. Así, la Argentina de Pedernera necesitaba ganar por 3 goles de diferencia. A pesar de contar con estrellas como Cejas, Perfumo, Marzolini, Brindisi o Pachamé, ese día nada pudieron hacer con el toque de los peruanos, encabezados por Cubillas, Challe y Chumpitaz, y que contó con la inspirada jornada de Oswaldo Ramírez. Un empate a 2 tantos poco decoroso para la ilusión albiceleste en una de la que es, sin lugar a dudas, una de sus mayores decepciones en la historia de su fútbol. Después de esa experiencia, nunca más volvieron a fallar.



Holanda
Holanda, en 1985, era un puente entre la vieja generación de éxitos y una nueva que marcaría una época en el fútbol europeo. Por ello, la clasificación a México 1986 era una obligación, ostentando nombres como Van Breukelen, Rijkaard, Gullit, Van der Kerkhof y Van Basten. Más aun, cuando tuvieron dos claras posibilidades. En primera instancia, no pudieron hacerse del primer lugar en el grupo conformado con Hungría, Austria y Chipre. Puntos perdidos en Rotterdam le dieron el pase a los húngaros, que no eran ni la copia de la selección que deslumbró décadas anteriores. A pesar de ello, los holandeses ganaron el último partido en Budapest y optaron por jugar una repesca ante sus vecinos de Bélgica. Una Bélgica que sin dudas puede ser considerada la mejor de todos los tiempos: Pfaff, Gerets, Van der Elst, Vercauteren, Grun y Ceulemans, entre otros. En la ida, jugada en Bruselas, el equipo de Beenhakker cayó por la mínima ante los belgas, dejando la serie abierta para la vuelta en Rotterdam. Allí, Houtman emparejó la serie al minuto 60 y De Wit ampliaba la serie a un 2-1 que clasificaba a los holandeses. Sin embargo, a poco del final Grun enmudeció el estadio, y dado el carácter de gol de visitante, le dio la clasificación a los belgas. Estos solo serían parados por la magia maradoniana, mientras que los holandeses deberían esperar su revancha para la Eurocopa de 1988.



Dieciséis años después, el dolor fue mayor, siendo quizás la última gran decepción eliminatoria. Con muchos jugadores entre los mejores equipos de Europa (Van der Sar, Melchiot, Stam, van Bommel, Cocu, Kluivert, Zenden, Hasselbaink, Overmars, van Bronckhorst y Van Nistelrooy), el conjunto dirigido por Louis van Gaal debió toparse ante dos grandes selecciones: Portugal de Luis Figo e Irlanda de los Keane. Con el transcurso del grupo, los puntos cedidos como local ante los irlandeses y portugueses fueron vitales, dado que sus rivales no vacilaban antes los rivales menores (Estonia, Chipre y Andorra). Así, el 01 de Septiembre de 2001, el solitario gol del irlandés Jason McAteer dejaba fuera a los holandeses del mundial asiático. Las goleadas ante Estonia y Andorra solo sirvieron para maquillar una de sus grandes decepciones en cuanto a eliminatorias mundialistas.



Francia
Los galos venían de una buena presentación en Suecia 1958 y eran favoritos para clasificar a Chile 1962. Compartían el grupo con Bulgaria y Finlandia, dos selecciones menores en el concierto europeo. Es más, los franceses ganaron sus primeros 3 partidos con facilidad y esperaban la definición del grupo ante los búlgaros que habían vencido a los finlandeses en los dos partidos. Un empate le bastaba a Francia para clasificar y lo conseguía hasta el último minuto en Sofia, cuando Iliev puso el único tanto en el marcador y le otorgaba la victoria a los búlgaros. Empate en puntaje y sin importar la diferencia de gol (que favorecía claramente a los franceses), partido de definición en Milán. Allí, solo Yakimov pudo convertir, con lo cual Bulgaria obtenía los pasajes y Francia se quedaba masticando la derrota. El mundial estuvo a un minuto.

La clasificación rumbo a Italia 1990 fue otro fracaso grande. Con Battiston, Papin, Blanc, Cantona, Deschamps y Amoros, más la dirección técnica de Michel Platini, los galos se preparaban para enfrentar a Yugoslavia, Escocia, Chipre y Noruega. La cosa se ponía negra cuando en el segundo partido igualaban en Nicosia y luego no pudieron ganar en 3 partidos, todos ante rivales directos. Los balcánicos y británicos se escapaban, y ya Francia dependía de otros resultados. Venció claramente a Escocia, pero el empate posterior de estos ante Noruega sepultó las aspiraciones francesas. Pero no sería la peor.

Es quizás la eliminación más dramática de la que exista recuerdo. Como resumen, a Francia le restaban dos partidos como local y necesitaba un triunfo (o un empate ante Bulgaria). Cuento corto, en los dos partidos estuvo arriba en el marcador hasta los últimos minutos y terminó perdiendo ambos. Ante Israel vencía 2-1 con goles de Sauzee y Ginola, hasta que al 84’ y al 90’ Berkovic y Atar, respectivamente, les dieron el triunfo a los israelíes, que a esa altura no tenían ninguna posibilidad de clasificación. Pero quedaba una última chance, el duelo ante los búlgaros en París, donde solo les bastaba un empate. Más aun, ganaban prontamente con gol de Cantona. El equipo de Lama, Desailly, Blanc, Petit, Deschamps, Papin, Ginola y Cantona –adiestrados por Houilliier- estaba a menos de una hora de sellar su clasificación. Sin embargo, el empate de Kostadinov instauró la incertidumbre en París, hasta que al último minuto, en un fugaz contragolpe, el propio jugador del Porto metía un zapatazo al ángulo que es reconocido como el puñal más grande recibido por Francia en su historia. Como consuelo, cuatro años después se tomarían la mejor de las revanchas.


Luis Armandoski

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